




Restaurante Gallina Negra
El Restaurante Gallina Negra es un espacio con historia, con mucho que contar y con un alma profundamente ligada a su barrio. Este primer local, situado en una de las calles del Cabanyal, nació del deseo de sus propietarios —una pareja joven apasionada por la cocina— de crear un lugar donde invitar a los comensales a su “casa”, compartiendo con ellos la honestidad de su cocina y el carácter de su entorno.
Concepto y experiencia
El proyecto parte de la idea de transparencia y sencillez, reflejando la filosofía del restaurante: una cocina abierta, visible, que no esconde nada. La sinceridad del espacio debía transmitir la misma confianza que los platos elaborados con dedicación, técnica y afecto.
El diseño busca equilibrar lo tradicional y lo contemporáneo, respetando la historia del local y dotándolo de una atmósfera cálida, cercana y auténtica.
Materiales y rehabilitación
La intervención consistió en recuperar los materiales originales ocultos bajo las capas del tiempo:
• Se descubrieron los muros de ladrillo valenciano, manteniendo viva la esencia del barrio.
• Se eliminaron los falsos techos y revestimientos, revelando los forjados originales.
• Se restauró el suelo de madera, devolviéndole su protagonismo y calidez.
Estos elementos tradicionales conviven con nuevos materiales técnicos y funcionales, necesarios para una cocina de alto nivel, generando un equilibrio entre memoria y modernidad.
Luz, color y atmósfera
La iluminación puntual sobre las mesas crea una sensación íntima, acogedora y cercana, mientras que las luces indirectas bañan los muros restaurados, resaltando su textura.
El uso del color negro como base y del verde fluorescente como acento define la identidad del restaurante. En el techo, este tono se emplea además como aislamiento acústico, envolviendo el espacio y reforzando su carácter contemporáneo y sofisticado.
Sensaciones
El resultado es un local con personalidad y equilibrio, donde lo artesanal y lo moderno dialogan con naturalidad.
Una arquitectura que, al igual que su cocina, es honesta, cercana y llena de matices, y que convierte el acto de comer en una experiencia compartida y doméstica, como si uno estuviera, realmente, en casa.